sábado, enero 24, 2009

Música

El mejor morbo para el alma, donde la locura más imperfecta y el autismo más cruel danzan para un mismo futuro. Donde la profundidad se torna lisa ante los oídos desnudos y los ojos tan sublimes, que se empapan en un sólido secreto de la inmortalidad.


Donde el aire sueña contigo, y los cabellos, y el rostro… se tapan del mundo, para hablar una sola lengua indomable, la que observa las irrealidades mejor vividas que vuelan por donde las ilusiones se olvidan de ser esperanza.


La música es la máscara para salir del cuerpo, y la libertad como principio para expulsar los sentidos y escuchar el susurro de la vida, las palabras que se destrozan por esta musa del amor. Es donde el silencio encara a la ficción, y el riesgo de la diferencia te envuelve en aquél anónimo, como tu mejor ilusión.


Supongo que hueles a tiempo que trae la primavera, vuelve y regresa como el olor de madera, trae a la tarde que entibia los minutos de cualquier repetición. Música, pronunciarte me eleva hasta tu invierno, tu aliento, tu voz, tu respiro, me deja sin presente, me desaparece del recuerdo.


Tu vida hace aventurar las coincidencias más utópicas, devuelves la vida a cualquier ahogado deseo y memoria prohibida. Música, estremeces a las piedras como tu mejor elixir para el corazón. Te dedican las tardes, los sacrificios y las prudencias… tan suyas, que todo lo demás juega a no existir por accidente y los sentidos quedan abandonados una ves más.


Déjame adorarte como la mensajera de todos los pensamientos que muerden a las sombras y que tiemblan al acercarse más a tu pecho y dejarse dormir, y cuando lo hacen, viajas a aquella ventana verde, siempre abierta para oír a tu lado lo que cantan los años.


Música, desbaratada y desordenada cuando sonríes con cierto pecado, cuanto antojas al cansancio como un camino dividido y nocturno. Música, deberían de hacerte un monumento porque vives más que cualquiera y tu infinita creación confunde hasta Dios...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Eres atrevida, la prosa poética es un puñado de arena seca. Momentos arduos y un final tedioso, solemne. Más atrevimiento. Un clímax temprano, temerario e imprudente, las ilusiones que olvidan ser esperanza son una brisa fresca, no manoseada, auténtica y a la vez es experiencia, casta, entraña apretada por primigenia vez. Aprecio más acciones transitivas, un salta prolongado, un pujo de vuelo. Hay más gente haciendo cosas. Predicados titánicos deudos de sujetos gigantescos. Redobles y baladronada. Negligencia en la intangibilidad de acciones y sustantivos, me hacen perder un poco el credo y el sentido. La autosuficiencia no sirve para la catarsis, para el doliente hecho trizas. Mucha trova presuntuosa, mucho rodeo y coqueteo, los tipos duros y las tipas duras necesitamos más frente de batalla. A veces despreciamos la propia trinchera y siempre caemos derrotados. Es el riesgo que abrazamos, nuestra fastuosidad honesta.