domingo, mayo 27, 2007

Conversemos



Conversemos por todas las demencias partidas desde la mitad, para no pecar al conocer y pecar por conocer. Ignoremos. Conversemos desde lo que me sabe a ti por lo dueño de poco, hasta lo que conmueve tantas fascinaciones (que terminan entendiéndose) atrapadas entre redes, descubiertas y perfectas.
Conversemos para olvidarnos de la razón. Disgustar y gustar, encubrir a todos los verbos, pues estorban a los sentimientos, y a las miradas. Conversemos, porque es un jarabe del complemento, nuestro complemento. Porque se quiere lo que se cree y se olvida cuanto se puede, y lo que no, se recoge con cuidado, para no cohibir el miedo, escondido entre
tantos brazos derrumbados del cansancio.
Conversemos para observarnos menos y escaparnos más, para vivir de lo poco y huir de lo mucho, para inventar historias que nos esperan en las esquinas del pasado, porque la nostalgia se almacena, como un baúl bordado de recuerdos y escrito por sonrisas, que extrañan muchas discusiones por distraer tanto la confianza.

Conversemos porque vale la pena que el tiempo esté en guerra, porque se evita soñar, sólo se acercan las sillas, la voz y los ojos (aquellos ojos, los cuales hacen sudar hasta el alma y sacuden los cuerpos que llegan a rozar al infinito), sólo se ronda el pensamiento para callar lo efímero de las horas inmortales, que divulgan el temblor de las palabras y la triste soledad.
Conversemos porque se llega a un acuerdo entre la memoria y la lengua (que no deja de delatar pasiones y ocultar verdades), pues acarician lo atrevido del galanteo que palpan sinónimos pulcros y acorralados al momento del silencio. Conversemos para encubrir al mal de bien y al bien, que perdone, de la inocencia menos triste, la que burla la ebriedad de tanto mal…entre copas… Entre copas, conversemos con vino, suponiendo la brisa mejor resumida al unísono de nuestro oído, que nos lleva y nos vuelve a llevar, y toca la respiración.

Conversemos juntos, lejos, eternos. Que conversen los labios en la costa y las almas en los sueños, donde se coquetea el aliento y se confiesan más conversaciones mientras se duerme. Conversemos para inundar los viajes de invisibles barcos que dirijan amaneceres tan geniales como falsos. Conversemos para aislarnos de suspiros, mundos y medias. Conversemos para existir.

No hay comentarios.: