Te recuerdo tan mío, que me apropié de un poquito de aquello de lo que alguna vez pudo ser de los dos, pues un exquisito aroma de eterno me envue
lve ante tu presencia entrañable de culpabilidad, que aflora por la falta de personas incapaz de elogiarte como yo, pues considero fundamental que la fuerza de tu inocencia nos bordee hasta la desesperación. Fundamental en las miradas y en las cenas, ante una risa de dolor o un corazón de compromiso, dando desorden a la adicción de un nerviosismo bien pagado por unos cuantos fingidos roces de historias adolescentes. Fundamental cuando hablas con palabras enredadas de amor entreverado superficialmente al murmurar despacio por el rubor. Y, fundamental para quien pasma de cuando en cuando el capricho de unas pinceladas de conciencia por tantos pasados y presentes, que se yo, rec
ordarse suyo. Ahora se sujeta el pensamiento al pasar por tu lado, ya que usas al viento como arrebato y condición íntima para sofocar hasta el más pervertido “de repente” y ajustar contra tu cuerpo a todos los personajes que, disimuladamente, bailan tras la caricia del cuchicheo sensacional, tratan de esconderse por las cortinas de muchos secretos que no quisiste revelar. Pero te admiran para siempre, es más, se les olvido que tu calor deja al comentario volar por siglos en el mismo lugar y por l
as mimas razones que se adueñan para conquistar las moralejas atadas y desatadas, ¡que no se acaban nunca! Compañero del perfume de un ruido atronador., pues hasta su presencia impide tu huída, ya que despiertas en cada abrigo, en cada gusto desecho, en cada recuero irrecordable, todo lo que el futuro no puede borrar, dejas huella en todos amantes maravillados por tu pérdida. Te anticipas a la punzada de lo incomodo y lo desvías para que sea perenne y sin sentido durante horas en las cautelosas charlas absurdas. Ya imprimiste tu paso estático en esas vueltas que aspiran ser labias perfectas. Cada vez que miras, regalas toques de esperanza, temerosamente a quien la quier
a aceptar, claro está, porque no se corren las ideas, sólo se aceptan con cuidado y se discuten respetando tu interminable ausencia. En fin, entre muchas esperanzas torcidas y claras, regalas también resignaciones cegadas y una que otra muda que se imagina disfraces rodeados de ecos a cambio de respuestas agujeradas por descargas de miedo. Regalas inspiración sin dar paso al tiempo para que estropee el taller de muchos deseos que hacen daño. Regalas cerraduras, tragaluces y fracasos. Columpias el retorno de comienzo, porque sin ti no se acurrucaría el universo en tus brazos, un juego de tantas creaciones olvidadas, tanto de todo y poco de nada. Eres el desván de las lecturas y de la sinvergüenza, te pertenece el desasosiego y todo lo relacionado a las comodidades de la imprudente sinrazón.
lve ante tu presencia entrañable de culpabilidad, que aflora por la falta de personas incapaz de elogiarte como yo, pues considero fundamental que la fuerza de tu inocencia nos bordee hasta la desesperación. Fundamental en las miradas y en las cenas, ante una risa de dolor o un corazón de compromiso, dando desorden a la adicción de un nerviosismo bien pagado por unos cuantos fingidos roces de historias adolescentes. Fundamental cuando hablas con palabras enredadas de amor entreverado superficialmente al murmurar despacio por el rubor. Y, fundamental para quien pasma de cuando en cuando el capricho de unas pinceladas de conciencia por tantos pasados y presentes, que se yo, rec
ordarse suyo. Ahora se sujeta el pensamiento al pasar por tu lado, ya que usas al viento como arrebato y condición íntima para sofocar hasta el más pervertido “de repente” y ajustar contra tu cuerpo a todos los personajes que, disimuladamente, bailan tras la caricia del cuchicheo sensacional, tratan de esconderse por las cortinas de muchos secretos que no quisiste revelar. Pero te admiran para siempre, es más, se les olvido que tu calor deja al comentario volar por siglos en el mismo lugar y por l
as mimas razones que se adueñan para conquistar las moralejas atadas y desatadas, ¡que no se acaban nunca! Compañero del perfume de un ruido atronador., pues hasta su presencia impide tu huída, ya que despiertas en cada abrigo, en cada gusto desecho, en cada recuero irrecordable, todo lo que el futuro no puede borrar, dejas huella en todos amantes maravillados por tu pérdida. Te anticipas a la punzada de lo incomodo y lo desvías para que sea perenne y sin sentido durante horas en las cautelosas charlas absurdas. Ya imprimiste tu paso estático en esas vueltas que aspiran ser labias perfectas. Cada vez que miras, regalas toques de esperanza, temerosamente a quien la quier
a aceptar, claro está, porque no se corren las ideas, sólo se aceptan con cuidado y se discuten respetando tu interminable ausencia. En fin, entre muchas esperanzas torcidas y claras, regalas también resignaciones cegadas y una que otra muda que se imagina disfraces rodeados de ecos a cambio de respuestas agujeradas por descargas de miedo. Regalas inspiración sin dar paso al tiempo para que estropee el taller de muchos deseos que hacen daño. Regalas cerraduras, tragaluces y fracasos. Columpias el retorno de comienzo, porque sin ti no se acurrucaría el universo en tus brazos, un juego de tantas creaciones olvidadas, tanto de todo y poco de nada. Eres el desván de las lecturas y de la sinvergüenza, te pertenece el desasosiego y todo lo relacionado a las comodidades de la imprudente sinrazón.
2 comentarios:
hola bonito poema me pregunto de donde salen esas ideas un consejo: si amas a alguien que supuestamente se a ido no seas zonza y corre a decirselo el orgullo es malo y quien sabe tal vez lo agas volver si en verdad te amo/a.....
porque bien dicen que uno nunca sabe lo que tiene hasta q lo pierde
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