jueves, febrero 21, 2008

Nuevo discurso, esta vez… el de una serpiente admirando el movimiento eterno de su víctima sobre las hojas


No quiero justicia, ni manos que trencen los desfiles de la escoria. Quiero ser eternamente reemplazado por los beneficios del infierno para que, con lápiz en mano, me perfume de bienvenida y la víctima pueda confiar en la temporada de los abrazos y entonces, tenerla bajo la luna, admirarla mientras estreno su inocencia (y confieso que hace desviar todas las estrellas, pues huyen debajo de la marea y me dejen infinitamente oscuro) y siento el tímido pulso de todos los segundos que gritan migajas de corazones helados, y yo… sin brazos para darte el mundo mientras anhelas tu efímero canto de felicidad.

Te quiero en desorden, sin sospechar algún acuerdo del miedo, algún doblez de altezas que cambian mi momento por el sello de un coraje. Te veo ahí, soplando cristales de libertad, revolcándote para siempre con las hojas, (aprendices de los tropiezos y mentiras de los árboles). Es ahí, donde imagino acariciarte como la perfecta corriente del cielo al atardecer, que lucha lo irreal para grabarse hasta el alma, y maldiciendo tu ternura infinita que bordea mi locura, llenándola de lágrimas.

Y yo, lejos de ti, esperándote, hombre que corre del abandono, que busca los años para olvidar el presente, que se inmortaliza de las limosnas de la muerte y vive al otro lado de la calle. Calle donde tú corres de la humillada felicidad y te entregas a mí, sin querer, pero esperanzado por nuestro lado más ecuánime del cielo.

Tú, que te enredas de polvo con mi veneno, donde la ignorancia de dios engaña tu bondad y me la paga por medio del galanteo entre tus ojos y los míos, invisible a tu alma ( y más aún, a tu carne).

1 comentario:

Anónimo dijo...

SINCERAMENTE NOTABLE